La única persona que estará para protegerme seré yo misma

Actualizado: 14 de oct de 2020

Por Irlanda Samaniego


La razón por la cual practico Defensa Personal es debido a la siguiente anécdota:


Recuerdo que hace unos años, estaba esperando a unos amigos en un parque. No importa decir qué parque fue ni para qué. Pero si es importante que mencione que eran las once la mañana en un domingo como cualquiera, y que ya había aguardado media hora. Sé que les había mandado mensaje para saber si llegarían a nuestra reunión o no. Pasaron unos quince minutos más y no obtuve respuesta.


No tenía mucho que hacer en el día, por lo que me puse a perder un poco más de tiempo jugando con mi celular debajo de un árbol. Puedo hacer un poco de imagen que a unos veinte metros de distancia estaban dos señores, también tomando la sobra de otros árboles. Uno con camisa gris y gorra roja, y otro con camisa azul toda sucia como sus pantalones.


Procuré no observarlos porque no me daban buena espina. No puedo hacer memoria si había alguien más en el parque, como alguien haciendo ejercicio, correr con su perro o haciendo juegos familiares como lo usual en esos días. Solo sé que me levanté sin dudar para dirigirme ya a mi casa. Antes de irme, me cercioré de que aquellos sujetos siguieran en su sitio; y sí, el de camisa azul se había tumbado en el suelo, y de gorra roja mantenía su misma posición.


Caminé algo deprisa. Tenía mi celular en una mano por procurar de llamar a alguien pronto de ser necesario, y mi mochila la tenía colgada frente a mí. Después, sonó mi móvil. Lo revisé y era un audio de un amigo, que vivía cerca de donde yo estaba. Su audio decía que había perdido una apuesta y que estaban a punto de raparle la cabeza. Le respondí con otro audio diciéndole si podía ir a visitarlo, que estaba a unas calles de su casa; pero él me contestó de inmediato de que no, por obvias razones. En eso, alguien me rebasó y se volteó para verme de frente y decirme:


¡Dámelo! dijo con una mano extendida. Era el muchacho de la camisa gris y gorra del parque.


No entendí lo que me estaba pidiendo. No me pregunten por qué pensé primero que me estaba diciendo “hola” y quería un estrechón de mano.


Repitió lo mismo un poco más seco. Hice un paso hacia atrás porque observé que él tenía su mano derecha extendida para que le diera algo, pero tenía oculta su mano izquierda y tenía una pose encorvada. ¡Por fin entré en razón!


¡Quítate! le dije. Guardé mi celular, y me puse en posición de guardia sin dejar de gritar: ¡quítate!, ¡quítate!...


No había nadie más, salvo nosotros dos. Recuerdo que se me vino a la mente mi hijo, una tía, mi hermanito. A la vez pensaba que tenía que aguardar lo más posible a que ese sujeto actuara primero, y estar al pendiente si el muchacho azul llegaba. Se movió un poco más hacia mí. Yo no retrocedí, además de que estaba ya pegada a una puerta de cochera y me limitaría aún más. Apreté los puños sin dejar de repetir una y otra vez que se quitara y se largara. Sabía que nadie me escuchaba porque todas las casas tenían cocheras con portones grandes; era domingo, por lo que casi no pasaba ni un alma.


En eso, el muchacho bajó la mano y tomó camino por donde había llegado. Lo seguía mirando fijamente, hasta considerar que había suficientes metros entre nosotros. Eché a correr a la casa de mi amigo para estar a salvo.


Quizás esta historia que te platiqué no sea la más drástica para ti, pero sí es (de cierto modo) afortunada para mí. Y se volvió un motivo que me digo todos los días que es: si yo no supiera Defensa Personal y/o Arte Marcial, yo no habría tenido el sentido de defensa. En ese momento yo no esperé a que alguien mágicamente llegara a ayudarme, ni siquiera mis amigos que quedaron en ir al parque, ni al amigo que vivía cerca de ahí, ni siquiera la policía ni alguien que pasar por casualidad, ¡mucho menos en un domingo a medio día! Es cierto que no tuve que hacer algo como tal para defenderme, pero sí agradezco que en ese momento supiera algo, un mínimo, aunque sea, que fue: estar a la defensiva, cuidar mi entorno, no bajar la guardia y aguardar para saber actuar.


Sinceramente, ignoro cuál haya sido la razón de que ese sujeto se haya marchado. A las personas que les he contado este sucedo afirman que el muchacho se fue porque ese tipo de personas dejan en paz a su presa cuando ven cualquier indicio de resistencia. Sin embargo, como mujer sé que mis probabilidades para actuar efectivamente ante un agresor pueden llegar a ser nulas. Teniendo en esto en mente para practicar a diario, sé que puedo disminuir mi riesgo. Quizás no me exente, aunque sí aumenta mis posibilidades de seguridad.


Actualmente no me ha sucedido algo así otra vez, pero sé que si me vuelve a pasar algo similar estaré mejor preparada para enfrentar la situación, y la única persona que estará para protegerme seré yo misma.


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